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Prueba clásica: Renault 4L, la historia 1/3

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Estamos acostumbrados a recibir información constante de nuevos modelos que llegan al mercado, renovaciones y, sobretodo, la implantación de las más novedosas tecnologías. Estamos hartos de oír que tal modelo incorpora una pantalla táctil con GPS dónde conectar nuestro smartphone, o lo que es peor, mejoras en el consumo y la eficiencia de los motores, lechuguizando todo trasto móvil. Es por eso que hoy os proponemos algo diferente: os ofrecemos un viaje de treinta años a través del tiempo para ver de dónde venimos y dónde hemos llegado. En esta parte empezaremos hablando de la historia del Renault 4L, uno de los modelos más populares de la historia de la firma francesa. En la segunda parte analizaremos las impresiones al volante y, en la última entrega hablaremos sobre las aventuras y desventuras sufridas por la unidad tratada. Así pues, tomad asiento y disfrutad del viaje.

El Renault 4 (también conocido por cuatro latas) se presentó a la prensa en el año 1961 para rivalizar contra el 2CV de Citroën. La principal diferencia entre ambos es que el Renault incorporaba un motor de 4 cilindros contra el bicilíndrico de Citroën, pero el consumo andaba muy a la par que el 2CV. Su éxito no tardó en llegar: en 1964 ya se habían fabricado medio millón de unidades, en 1966 se llegó al primer millón y once años más tarde, en 1977, ya se habían vendido más de cinco millones de unidades.

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En 1968 el 4L sufrió una profunda renovación: se sustituyó el motor de 846cc heredado del Renault Dauphine asociado a la caja de cambios de 3 marchas, por el motor que entonces montaba el Renault 8, de 852cc y caja de 4 velocidades. También se cambió el cuadro de mandos, se incorporaron los asientos delanteros también del R8, se renovó la banqueta posterior, se puso una bandeja para separar el habitáculo del maletero y se añadieron topes de goma en los parachoques. Aún así, la versión más económica seguía usando el motor del Dauphine y los asientos originales, pero ya incorporaba la caja de 4 marchas y los nuevos parachoques con protectores.

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Trece años más tarde, en 1981, el cuatro latas volvió a renovarse. Esta vez el motor creció hasta los 1.108cc, el ventilador pasó a ser eléctrico, el radiador se avanzó hasta localizarse justo detrás de la parrilla delantera, el salpicadero cambió de diseño y se sustituyeron partes metálicas por otras similares fabricadas en plástico.

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El Renault 4L fue un coche muy popular también para las instituciones. Uno de sus puntos fuertes era que se adaptaba a cualquier tipo de situación y terreno, en parte, gracias a su generosa altura libre al suelo que le permitía circular por caminos de tierra sin dificultades. Fue muy utilizado por la Guardia Civil, ya que el coste de un 4×4 equivalía al de tres 4L, de forma que se restringió el uso de los 4×4 del cuerpo a terrenos muy escarpados. Como curiosidad, los 4L de la Guardia Civil tenían el techo de lona y la pintura mate, como los vehículos militares, pero con el tiempo estas modificaciones se suprimieron.

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Otro dato que llama la atención es que si buscamos en la ficha técnica la distancia entre ejes del coche, encontramos dos cifras. Mi primera reacción fue ponerme ojiplático y levantar una ceja, no entendía nada. Luego, investigando un poco descubrí que por exigencias del tipo de suspensión que lleva, una rueda posterior va montada más adelante que la otra, de modo que la ficha técnica de la unidad probada indicaba una distancia entre ejes de 2.401mm para el lado izquierdo y de 2.449mm para el derecho. Es decir, la rueda posterior izquierda está casi cinco centímetros más adelante que la derecha.

Si nos fijamos en fechas concretas durante la evolución del automóvil respecto al 4L, vemos que las revistas especializadas de finales de los ’60 consideran al pequeño Renault un coche polivalente, con unas prestaciones muy buenas al borde de la deportividad y unas terminaciones rozando el lujo. Por eso también sorprende leer premsa de los años ’80 y, aunque el motor ya era más potente, lo califican de utilitario de bajo coste, lento y de acabados mejorables. Comparado con las nuevas incorporaciones de la época, el 4L iba quedando atrás. Una palabra: Evolución.

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El cuatro latas que hemos probado nosotros es un pelín raro después de explicar los cambios y curiosidades de cada versión, así que deducimos que se trata de un entre-series. La propietaria lo compró nuevo cuando cumplió 18 años en 1981 y, como hemos dicho antes, en el ’81 hubo una actualización del modelo. De este modo, la unidad probada conserva el radiador delante del motor y no delante de la parrilla, así como también el salpicadero anterior al ’81, pero el motor ya es el 1.1 de 38cv y el ventilador está accionado eléctricamente.

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Dejamos aquí la primera parte, la de la historia del modelo. En la siguiente entrega nos pondremos al volante y contaremos en primera persona las impresiones dinámicas que nos aporta este coche tan especial.

Nota: Este artículo fue publicado inicialmente en Motor.cat por mí mismo, pero ha sido traducido y adaptado para poder ser publicado aquí.

Foto guardia civil: Caballero2105

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