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Quiero y no puedo vol.3: Cromados plasticosos

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Hoy traemos por tercera vez un caso de esos que te hacen arrugar el morro, dar un par de golpecitos a la pieza, tocarla poniendo cara de sensor de temperatura y terminar gritando: “¿pero esto qué es?”. Hoy, aplicamos este concepto a esos adornos que quieren imitar cromados y terminan pareciendo juguetes del todo a cien, un quiero y no puedo en toda regla.

Por la cabeza nos vuelta la incógnita para saber de dónde vendrá la inspiración para crear semejantes piezas. Quizá viene por querer imitar el interior de esos coches que llevaban hierro de verdad a modo de molduras, botones, o rebordes; quizá empezó algún envidioso queriendo imitar esas obras de arte (por llamarlas de algún modo) petrofinanciadas que hacen al recubrir los coches con oro blanco; quizá… Vete tú a saber.

El caso es que algún iluminado, igual que pasaba con los interiores que querían ser de metal pero sin serlo, pensó que como no podía permitirse una mínima pieza de hierro y cromarla, lo haría con plástico aplicándole una pintura. Y pregunto yo: cuando el diseñador (lo podríamos llamar de otro modo pero algunos dirían que le estamos faltando al respeto) parió esto, ¿no se dio cuenta que parecía un churro recubierto de pintura efecto cromo? Veamos un ejemplo en el Dacia Sandero, que tiene un interior muy bueno para lo que es y ese detalle desmerece el conjunto. Encima, en este caso, si miráis entre el 70 y el 90 del velocímetro y entre el 3 y el 4 del tacómetro, se ven las rebabas que no se sacaron antes de aplicar la pintura del cromo. En fin, quiero y no puedo.

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