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La tecnología TDI cumple un cuarto de siglo

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Audi celebra los 25 años que han pasado desde que introdujeran en el mercado allá por el otoño de 1989 el primer motor TDI. Hoy la cosa ha cambiado mucho, pero estos motores fueron un gran avance respecto a los diésel que se vendían hasta la fecha. Echemos la vista atrás y contemplemos qué lograron estos motores.

En la década de los ’70 con la crisis del petróleo debían buscarse soluciones para lograr un menor consumo en los coches. Para hacernos una idea de la gravedad de aquella crisis, basta con decir que los americanos hicieron un Mustang de cuatro cilindros en una época en la que los coches llegaban fácilmente a los 6 metros y eran movidos por tranquilos y glotones V8. Es por eso que Audi inmediatamente inició el desarrollo de un motor TDI.

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Aquello representaba un paso hacia adelante muy importante, pues hasta entonces, los motores diésel que había tenían un tacto más parecido al de un tractor que al de un coche. Eran motores muy arcaicos, sin turbo, muy lentos y muy toscos, pero eran muy duraderos. El reto de Audi era hacer una alternativa real a la gasolina, quería suavizar el motor diésel y que llegara a ser una opción viable para aquellos que querían ahorrar sin perder prestaciones ni tener la rudeza de los diésel de entonces. Para ello, la marca alemana diseñó un sistema de inyección junto con Bosch específico para dar más suavidad al bloque de 5 cilindros y 2.500 cm3. Para hacerlo además potente, utilizaron un turbocompresor y, así, en 1989 nacía el motor que propulsaría la carrera hacia la popularización del calamar.

En 1991 nació el mito, el motor TDI por excelencia, el de la patada, el que también incorporaron los SEAT León amarillos con chavales de pelo electrocutado que se pasaban por la piedra a cualquier cosa rodante, el 1.9 TDI. Este motor fue presentado por primera vez en el Audi 80, en el que rendía 90cv. Más tarde, cuando salió el Audi A4, se revisó el turbocompresor, lo que hizo subir la potencia hasta los 110cv. Eran motores sencillos, muy toscos, con un sonido que muchos John Deere ya quisieran, pero gastaban poco, eran económicos de mantener y andaban bastante.

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Fue en 1997 cuando Audi empezó a presentar motores más grandes para poder competir en confort de marcha con los motores de gasolina que montaban las berlinas grandes como el A6 o el A8. No estaba bien que unas grandes berlinas como las mencionadas vieran estropeado su andar de marcha por culpa de motores diésel demasiado toscos, así que nació el V6 TDI que, con 2.500 cm3 rendía unos buenos 150 cv. En 1999 para complacer a los que querían un coche rápido, cómodo y eficiente, sacaron el 4.2 TDI V8 para el Audi A8. Con sus 242 km/h de velocidad máxima, se convertía en el referente de los motores diésel.

Pero en materia de motores diésel grandes Audi no se contentó con el V8. es por eso que en 2004 sacó para su mastodonte Q7 un mastodóntico V12 TDI.  Este espectacular propulsor conseguía ofrecer 500cv y un par motor más digno de un camión que de un coche, 1.000 Nm entre 1.750 y 3.250 rpm. Con estos números, conseguía acelerar las más de dos toneladas del SUV hasta los 100 km/h desde parado en sólo 5,5 segundos. No hay duda que consiguió un hito, pero analizado fríamente, ¿para qué narices comprarse un TDI de 12 cilindros si no será eficiente ni tampoco logrará la progresividad de un gasolina?

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Para ser eficientes, la casa alemana ya pensó otros motores, como el tricilíndrico 1.2 TDI que montaba el Audi A2. Con este propulsor, el incomprendido urbano fabricado en aluminio, lograba un consumo récord de sólo 2,99 l/100km. Esto era en 2001, hace hoy 13 años, y después de todo ese tiempo aún son pocos los modelos que se acercan a esa cifra. De todos modos, debemos decir que los tricilíndricos de ahora han evolucionado y aún son toscos, así que agarrar el volante de aquel 1.2 TDI era parecido a darle la mano a un paciente de Parkinson. Además, tampoco era muy potente con sus 61cv, pero el peso era una gran baza a su favor, así que se movía bien.

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Aún hablando de eficiencia, en 2004 Audi presentó un nuevo V6 TDI, en este caso de 3 litros. Lo que más destacó en su momento fue el ángulo entre las bancadas de 90º, la inclusión de cadena de distribución en lugar de correa y el hecho de disponer de filtro de partículas para limitar las típicas contaminantes y negras humaredas que dieron el nombre de calamar a los diésel. Aún así, debido a las normas anticontaminación cada vez más restrictivas, en 2009 se presentó una segunda generación de este motor con dos antónimos en su nombre: “clean diesel”. Las principales modificaciones se presentaron en un sistema de inyección ahora por raíl común (Common Rail) y en un sistema de escape con un catalizador SCR que inyectaba AdBlue para reducir las emisiones contaminantes.

En resumen, han sido muchos los cambios y los logros de la marca alemana tras ese primer 2.5 TDI que vio la luz en 1989. Ahora ya se habla de mezclar calamares con lechugas, es decir, suplementar los TDI con motores eléctricos para hacerlos aún más eficientes, pero debemos quedarnos en que fueron los encargados de llevarnos desde aquellos arcaicos diésel hasta las tecnologías de hoy en día.

Fuente: Audi y Netcarshow

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